En la siguiente entrada me dispongo a realizar una reflexión sobre el poder de la sociedad digital y, en concreto, sobre el universo transmedia, los relatos digitales y la cultura de la participación.
En concreto, me gustaría reflexionar sobre las nuevas narrativas transmediáticas, experiencias de entretenimiento perfectamente unificadas y coordinadas que se desarrollan a través de múltiples plataformas mediáticas.
En ellas, cada medio proporciona su original contribución al desarrollo de una historia cuyo universo no puede abarcarse del todo sin la suma de cada uno de sus elementos.
Son historias expansivas e inmersivas que reflejan la sinergia de los medios de comunicación unificados por un mismo interés: expandir su marca a través de tantas plataformas mediáticas como sea posible.
Las historias transmediáticas representan, a su vez, mundos ficticios complejos en continua expansión que necesitan de saberes enciclopédicos para su total conocimiento.
Son, por tanto, narraciones aditivas en las que cada nuevo texto hace una contribución específica y valiosa a la totalidad y, al mismo tiempo, también puede ser accesible de forma independiente. En ese sentido, hay que señalar que las entradas a las narraciones transmediáticas son independientes y no están interconectadas entre sí.
En la forma ideal de este tipo de narraciones, cada medio hace lo que mejor se le da hacer a la hora de contar la historia. Asimismo, cabe señalar que se originan en un medio y los medios subsiguientes se mantienen subordinados al texto original. Por tanto, requieren de un alto grado de coordinación entre los diferentes sectores mediáticos, lo cual tiene como consecuencia el hecho de que prime la autoría individual frente a la colectiva, la cual solo tiene lugar en proyectos fuertemente colaborativos.
Las narraciones transmediáticas, además, son activadores textuales que ponen en marcha la producción, evaluación y almacenamiento de la información.
Sirven también para estimular la inteligencia colectiva y en ellas los consumidores, agrupados en comunidades de conocimientos se convierten en cazadores y recolectores de la información que circula a través de las diferentes narraciones mediáticas en busca de un hilo unitario que dé coherencia a toda la trama dispersa.
Por tanto, las narraciones transmediáticas adquieren una dimensión representativa proporcionando una serie de roles y metas que los seguidores pueden asumir mientras recrean, construyen o reconstruyen aspectos de la historia.
Tienen, por tanto,una ambición enciclopédica en el desarrollo de la trama, cuya consecuencia más importante será la de la aparición de lagunas en la ficción que los fans sentirán la necesidad de rellenar a través de las denominadas "fans fictions".
Otro de los conceptos sobre los que reflexionar en la esta nueva era digital dentro de la cual nos hallamos inmersos, es el de la cultura de la participación y la colaboración, la cual se ha convertido en un elemento clave de la nueva web 2.0.
Tal y como se puede observar en el gráfico anterior, de creación propia, en la cultura de la participación los usuarios dejan de ser meros receptores de la información para convertirse en prosumidores, es decir, en consumidores y, al mismo tiempo, productores del conocimiento, convirtiéndose en participantes de la gran conversación digital dentro de la cual “interaccionan conforme a un nuevo conjunto de reglas que ninguno de nosotros comprende del todo” (Jenkins: 2000).
Dicha participación, nos conducirá inevitablemente a revisar el concepto tradicional de autoría, la cual abandona su interpretación clásica para pasar a adquirir un carácter colectivo fruto del sampleo, el remix, el préstamo, el rediseño, la apropiación y la recontextualización de contenidos, dando lugar a una nueva cultura de la remezcla y la colaboración.
Por consiguiente, la web se convierte en el entorno idóneo para el intercambio y la creatividad. De hecho, a mayor desorden e indisciplina, mayor nivel de creatividad.
Dicha cultura participativa va a traer también como consecuencia que, dentro de los procesos de aprendizaje, los participantes también produzcan o tengan acceso a un flujo infinito de contenido multimedia a través de múltiples plataformas mediáticas, dando lugar también a múltiples narraciones digitales transmediáticas fruto de la convergencia de los medios y la transformación de su uso.
Asimismo, en esta nueva educación los textos digitales que se van a crear o a los que se va a tener acceso van a caracterizarse principalmente por la hipertextualidad, sistema de organización de informaciones de un texto con otros innumerables textos surgido gracias a la arquitectura de las memorias del ordenador caracterizados por ser textos no lineales, asociativos, inmediatos e intuitivos que, de nuevo, se muestran como una consecuencia directa de dicha cultura de la colaboración.
Por otro lado, cabe señalar que los nuevos usuarios 2.0 son usuarios activos interconectados que establecen una comunicación horizontal multidireccional en la que establecen nodos mediante los cuales compartir y acceder al conocimiento con el fin de desarrollar tanto su Red Personal de Aprendizaje (PNL), como su Entorno Personal de Aprendizaje (PLE).
Para ello, suelen agruparse en comunidades de práctica y conocimiento en torno a intereses intelectuales mutuos en las cuales poder intercambiar información, conocimiento y experiencias, trabajar colaborativamente de forma ubicua y asíncrona a través de herramientas digitales 2.0, aprender mediante la praxis, interactuar constructivamente, adquirir conocimientos y habilidades de forma rápida y eficaz, ser creativos, flexibles y adaptables, resolver problemas conjuntamente o tomar decisiones. En este sentido, cabe señalar que la participación en ellas conduce de forma inequívoca al fortalecimiento entre las relaciones que se establecen entre los participantes de las mismas.
A la luz de todo lo anteriormente expuesto, en esta cultura de la participación, la inteligencia colectiva en acción alcanza su máxima expresión y da muestras de su infinito poder al compartir conocimientos individuales, recursos y habilidades para ponerlos al servicio de toda la comunidad en beneficio de un aprendizaje común más rápido, significativo y efectivo.
Asimismo, cabe señalar que nos encontramos ante una cultura democrática destinada al empoderamiento de los usuarios hasta darles el control.
Como conclusión, cabría señalar que en la nueva era digital “la participación, y no solo el acceso a las tecnologías digitales, es la verdadera inclusión” (Silva: 2000), siendo necesario para ello una preparación de los participantes en este sentido con el fin de desarrollar su alfabetización digital y dotarlos de las capacidades necesarias para poder participar en la nueva era en la que nos encontramos.







