sábado, 14 de junio de 2014

PODER, REDES, NOSOTROS...

En la presente entrada adjunto el análisis que realiza el profesor Alejandro Segura sobre el poder, las redes y nuestra capacidad de intervención como introducción a la asignatura Poder y Control del Máster en Redes Sociales y Enseñanza Digital de la UNED.



En ella, Segura nos señala que "el interés por el poder se presenta como constante histórica en los modos de organización de las relaciones humanas en su dimensión socio-política. La disposición de la estructura social es fiel reflejo del conjunto de estrategias desplegadas allí donde el poder está en juego. 

Estas estrategias se desarrollan en un marco de acción definido por la complementariedad entre violencia y discurso como los dos mecanismos descritos por las teorías clásicas del poder. Aunque, según Weber, la violencia está siempre en la base de todo sistema de dominación; en la medida en que las sociedades se hacen más complejas, la gestión de los discursos destinados a conformar el orden social cobra mayor relevancia. No en vano, en nuestro tipo de sociedad, la comunicación se ha ido situando en el centro de la estructura como fuente decisiva de poder; ya que, cuanto más sólida sea la construcción de significados compartidos en torno a un sistema más estable será este. 

Así las cosas, actualmente nos encontramos con un orden social y político difícilmente distinguible del orden mediático, y es en este contexto donde cobran sentido las reflexiones que exploran el baile de influencias entre los juegos de poder y los procesos de comunicación. Una danza cuyos reflejos se proyectan en todas las prácticas sociales.

En el s.XX un nutrido ramillete de autores ha contribuyó a componer una mirada social crítica que tiene muy presente la relevancia de lo expresado en el párrafo anterior. Marcuse, por ejemplo, sostuvo que los medios de comunicación y las industrias culturales ahogan el pensamiento crítico con la finalidad de socializar los valores dominantes. Habermas, por su parte, que la acción comunicativa en la esfera pública está orientada a la legitimación de los discursos en los que se sustenta la reproducción cultural de esos valores. También, en una línea similar, Althusser mantuvo que todo medio de comunicación es un agente socializador que cumple la función de orientar al individuo hacia una ideología determinada. La lista sería interminable. Pero todas estas interpretaciones parten del escenario mediático fundamentalmente vertical previo a la socialización de Internet. 

Sin embargo, en pleno siglo XXI, las redes sociales interactivas que se tejen en el marco de Internet dibujan un nuevo panorama para el análisis de estos fenómenos al posibilitar la entrada y salida de más puntos de información. Las oportunidades de participación, horizontalidad y distribución de significado -asociadas a la autocomunicación de masas en red- apuntan la conveniencia de recomponer esa mirada crítica a la luz de estas nuevas circunstancias. Teóricos contemporáneos como Castells, Mattelart o Lessig nos proporcionan algunas claves para ello sin dejar de recordarnos que no habitamos un espacio de comunicación aséptico. Es así como las redes sociales de Internet se constituyen como el objeto de una dialéctica según la cual la tecnología de la comunicación digital contribuye al control social, y, al mismo tiempo, se manifiesta como potencial agente emancipador o subversivo. 

Finalmente, si del que estamos hablando es del escenario comunicativo aumentado por la amalgama de redes de influencia que tenemos ocasión de integrar, se hace pertinente recuperar la concepción que Foucault tenía sobre el poder. El poder no ya como algo que se posee, sino como una estrategia que está en juego y que se desarrolla por todo el corpus social, desde sus más ínfimas instancias e intersticios, hasta la vida pública e institucionalizada. El poder concebido no ya como algo que se ejerce en exclusividad de arriba-abajo, sino como algo que fluye por las relaciones impregnando la vida social en su conjunto. Algo que nos atañe directamente como sujetos políticos. Algo realmente sofisticado de lo que no solo somos solo espectadores, sino también protagonistas como educadores, como comunicadores y como individuos.

Por tanto, si entedemos la educación como una práctica social compleja y relacional, la encontraremos impregnada por las lógicas en las que el poder enlaza con los espacios comunicativos donde tiene lugar.


 Reflexión publicada en el grupo de Facebook de la asignatura de Poder y Control:

(https://www.facebook.com/groups/PoderyControlUned/permalink/610203159073313/) ,

















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